No quedan días de verano

Hay algo extraño en hacerse adulto, y es descubrir que los veranos ya no duran lo que duraban antes. De pequeños, el verano parecía interminable. Las semanas se sucedían lentamente y el final de agosto siempre se veía muy, muy lejos. Había tiempo para pasar mañanas enteras en la playa o en la piscina, para jugar en casa, para recorrer todos los parques del pueblo, para leer, e incluso para aburrirse.

Ahora es diferente. Parpadeas y ya ha pasado. Vuelves de vacaciones y parece que acababas de irte. Las semanas pasan demasiado rápido y, cuando quieres darte cuenta, estás otra vez pensando en horarios, rutinas, trabajo y en todo aquello que habías dejado aparcado durante unos días.

Pero este verano nos ha pasado algo curioso, y es que hemos tenido la sensación de que ha durado mucho más. Y creo que tiene bastante que ver con haberlo vivido a través de los ojos de un niño de un año y medio.

Playa con palmeras al atardecer en un día soleado

Tras nuestro reciente viaje a Nueva York a principios de junio, este verano decidimos pasarlo al completo viajando solo por España, algo que no hacíamos desde hace años. Y lo hemos llenado de muchas de esas cosas que, vistas desde fuera, no parecen grandes planes. Hemos hecho castillos en la arena solo para luego tirarlos y volver a empezar. Hemos buscado conchas celebrando las más grandes como si fueran un tesoro. Hemos pasado horas jugando con la pelota en la piscina. Hemos recorrido pueblos y ciudades simplemente para buscar el mejor parque de la zona. Hemos conseguido el mejor pompero de la feria pescando patitos. Hemos vuelto a comer helados mientras recorríamos el paseo marítimo, intentando terminarlos antes de que acabaran derritiéndose entre los dedos.

También nos hemos sentado junto al río a tirar piedras al agua una y otra vez. Y quizá ese sea uno de los recuerdos más especiales de las vacaciones. Porque ahí también estaban aquellos amigos con los que yo misma pasaba los días de verano cuando era pequeña, y que ahora también tienen niños. Y allí estábamos todos sentados junto al río, tirando piedras al agua y jugando con ellas como si no hubiera nada más importante que hacer. Y, por un momento, era como volver atrás. Solo que ahora éramos nosotros los adultos.

Quizá tener un niño pequeño nos está enseñando algo que habíamos olvidado: que un verano no necesita estar lleno de planes originales o viajes exóticos para ser un verano extraordinario. Porque para un niño ir al parque, a la playa o a la feria no son planes sencillos: son «el plan». Y, mientras le vemos descubrir cada una de esas cosas, nosotros también hemos redescubierto nuestro propio verano.

Y resulta que, haciendo «menos», hemos sentido que ha durado más. Quizá por eso el verano de los niños parece tan largo. No porque tengan más tiempo que nosotros, sino porque no tienen prisa. No están pensando en lo que van a hacer mañana, ni en cuándo terminan las vacaciones, ni en aprovechar cada minuto. Simplemente están ahí, viviendo el día. Y quizá eso sea precisamente lo que hemos olvidado los adultos.

Niño entrando en una playa

Cuando éramos pequeños, las tardes de verano parecían no terminar nunca. Ahora sabemos que aquellas tardes duraban las mismas horas que las de hoy. Pero nuestra percepción del tiempo era diferente. Cada día estaba lleno de descubrimientos, de pequeñas aventuras y de momentos que parecían importantes.

Este verano hemos vuelto a vivir algunas de esas pequeñas aventuras. Hemos vuelto a disfrutar de cosas que creíamos demasiado sencillas para detenernos en ellas. Y quizá uno de los regalos más bonitos de tener un hijo sea precisamente ése: que te devuelve, aunque sea por un instante, a instantes a los que creías que ya no podías volver.

Y ahora, ya instalados plenamente en el mes de septiembre, guardamos los bañadores, vuelven las rutinas y empezamos a mirar el calendario de otra manera. El verano se acaba, y, sin embargo, este año no tenemos la sensación de que se nos haya escapado entre los dedos. Quizá porque no hemos intentado llenarlo, sino porque hemos aprendido a simplemente disfrutarlo. Ha sido el verano que, por fin, ha vuelto a durar todo el verano. Y ahora que está terminando, solo puedo pensar: qué suerte haber vuelto a tener un verano de los de antes.

Sobre el autor

¡Hola! Soy Leticia, fundadora de este blog y autora de esta entrada. Espero que este humilde espacio pueda inspirarte a conocer nuevos lugares, y sobre todo, proporcionarte información útil sobre los distintos destinos. Si quieres saber más sobre mí y sobre este proyecto, te invito a leer la sección "acerca de viajesymasblog".

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